Historia.

Iliel, ( el Señor es mi Dios ), estaba en la extinta Décima Orden celestial, siendo su misión, servir a Emmanuel ( Jesucristo ); al igual que Lucifer y los otros 198, ninguno quería hincar rodilla y servir al Hijo de Dios. 

Sin embargo, no fue eso lo que lo movió anteriormente a unirse a la soberbia del Lucero, y ser arrojado a la tinieblas; todo viene anterior a todo esto. 

 

En la Tierra, se dice que hubo una mujer, Lilith, que decidió no seguir los pasos de Abel y Eva, yendo por su cuenta, acabando por ser un demonio. Y, realmente, no fue la única: Abrahel, hija de Lilith, reina de los súcubos, estaba ya en la Tierra, tentando al entonces ángel al servicio de Adonay ( Yahvé ). 

 

Lo sedujo; lo sedujo hasta llevarlo a su merced, no entendiendo cómo seguir a quien lo creó. Le juró fidelidad y felicidad.

Y sumado a las ideas instigadoras de Lucifer, no le costó mucho dar el paso a la revuelta, uniéndose, perdiendo su divinidad, mas no las alas. 

 

En el abismo, en esas tinieblas que portan la oscuridad más inmensa, ninguno quería estar; el fuego no los hace inmunes al mismo, pues el azufre y el fuego, son el castigo de Dios, tal y como pasó con Sodoma y Gomorra. 

Sin embargo, la que no podía salir siempre que quería, lo atrapó; la dependencia hacia ella ya existía, pero nunca pensó que hasta quemarse por ella... Y este fue solo el principio...

 

En Seol, siempre ha existido la Pseudomonarchia daemonium. Y por supuesto, Abrahel, siendo reina de los súcubos, tenía cierto poder allí; ella siempre era servida por otros, empezando desde Iliel, quien la servía hasta en lo más vejatorio, siendo él uno de tantos, desconociendo él que ella, cuando salía, tenía encuentros tórridos con otros hombres. Porque ante todo, aún si la servía, le había jurado fidelidad; una fidelidad que jamás llegó para él, pero sí para ella. 

 

La mujer de envidiosas y malas artes, en una misión fallida, lo metió en una celda, cortando que hoy le falta; la arrancó con rabia, dejando la zona sellada con una cicatriz.

Jamás experimentó mayor dolor... Y sin embargo, por sus sentimientos, por la dependencia, siguió q su lado, sintiendo que merecía aquel castigo por un fallo que aún está por esclarecer si no fue manipulado por ella, o sus secuaces.

 

Miles de situaciones horribles vivió, dándole, de vez en cuando, una situación, prácticamente, perfecta; solo quería tenerlo ahí, evitando que se fuera, diciéndole que lo amaba aún si no era así... Y él... Iliel la amaba realmente, aún si veía que era severo con él, que le hacía mucho mal, y le daba más dolor que amor. Es la fuerza y poder de la manipulación. 

 

Abrahel se quedó embarazada de Iliel; no le gustaba a ella, pero él... Él amó esa situación. Quizá, aún quedaba de él la humanidad posible para ver como esa criatura como su mayor esperanza... O, tal vez, era su luz; la que perdió. 

 

Ya estando ella de unos siete meses de embarazo, decidió que era momento de deshacerse de la criatura, dándole este poder al Diablo para que hiciera de él su poder; una excusa más para librarse de Iliel y los sentimientos de este. A ella, le desagradaba lo que él hacía; ese amor que tenía por ella y el bebé nonato... Un bebé que fue arrancado del vientre de su madre, y engullido por el Impío. 

 

Lior... Lior era su nombre; «mi luz, mi guía.»

Ese era el nombre de la criatura que murió frente a sus ojos, entendiendo él que ella, quien tras esto tuvo relaciones sexuales delante de Iliel, nunca había querido nada más que hacerle daño; abrió los ojos, y vio la humillación y la manipulación de su amada... De su reina. 

 

En la mente del ángel, mil cosas sucedieron; pasó del dolor al odio, y del odio a la ira, pasando por los deseos de venganza... Y todo se fusionó, dando como resultado final, que él dictara sentencia: matar a Abrahel era su destino.

 

Meses pasaron hasta que, tras haberse fortalecido, dejando sellada su capacidad a sentir dolor, tuvo un encuentro íntimo con Abrahel; un encuentro en el que él le recriminó lo que pasó con el nonato, y ella le juró que el bebé nacería en algún momento.

Iliel, en pos de asegurarse, pidió que le dijera que naciera fuera cual fuera la circunstancia; pasara lo que pasara.

Abrahel, aceptó, diciéndole que así sería; ella lo dejó atado de tal forma que, pasara lo que pasara, nacería. 

Y él, pidió elegir de donde, aún si no sería del todo así. 

 

Cuando la reina de los súcubos se retorcía entre placeres, en esos instantes del orgasmo, él tomó la katana y cercenó la cabeza del cuerpo, dejando sellado ese pacto que, ante todo, no tenía marcha atrás; ella había sido decapitada, y, por ende, ya no tenía lugar a la vida. 

 

Bañado de la sangre de la mujer difunta, el ángel caído se levantó, se vistió, tomó la cabeza, la besó en los labios, y después sonrió. 

 

ㅤㅤㅤ───Me engañaste, Abrahel... Me hiciste sufrir... Nadie más me hizo daño... Nadie más lo hará. —pausa— Mis sentimientos, hoy han muerto contigo; pero tú, jamás dejarás de estarlo; sobre tu cabeza, ya no está la corona... Y jamás lo estará. —pisa la corona en el suelo, rompiendo los cristales, mirando el anillo que, un día, ella le regaló; lo guardará para no olvidar nada de lo sucedido. 

 

La cabeza se lleva consigo, saliendo a través del espejo, para quedarse en el mundo humano: ni cielo ni infierno son su hogar... Nada lo es; él no tiene cabida en ningún lugar. 

 

La cabeza de Abrahel guardó en su casa junto al anillo; la cabeza en formol, y el anillo en una caja de cristal, y sus ideas esperando a la puesta en escena.

 

Milenios más tarde, conoce a una mujer llena de deseos pecaminosos; una mujer capaz de matar a sus hijos, a su marido, de ser horrible con todos, de manipular y sembrar cizaña... Y, además, una reina. Su nombre: Abigail Michaeli, madre de siete hijos, quien cuya alma es realmente horrible. 

 

Iliel, aún la repulsión que le causa, sabiendo que algún día le pasará a ella factura, pacta con ella, quedando en que él destruiría a su familia, acompañando a la mujer en todo momento, mientras ella le daría, a través de una de las nobles que estuvo con uno de sus hijos, pero se fugó con otro, a Lior de vuelta. Y, ante todo, lo cumplió. 

Sin embargo, todo en esa familia choca con sus ideales; el filo de su katana pasará por el cuello de los Yisrael Michaeli, una vez Lior esté entre sus brazos; una vez que el bebé sea suyo y solo suyo... Y ya no tendrá piedad de nada ni nadie... Solo Lior puede abrir lo que él mismo ha cerrado; solo en él deposita sus sentimientos...